Acostumbrados a copiar a los demás, los uruguayos importamos la fiesta de Halloween desde mediados de la década de 1990. Recuerdo con claridad (y nostalgia) los festejos en la academia de Inglés, donde la teacher nos cedía horario de clases para elaborar disfraces (una vez me disfracé de calavera) y decorar la clase con telarañas, papeles negros y dibujos de vampiros. Lo mejor era el famoso “trick or treat” (treta o truco) con el que me hacía mi buena bolsa de caramelos para un mes. Las directoras del instituto organizaban juegos súper divertidos, como uno en el que se metía la mano en agujeros sobre una larga mesa con mantel rojo y había que adivinar a qué órgano del cuerpo de Frankenstein pertenecía lo que se tocaba (los sesos eran gelatina, los ojos, caracoles vivos). Pero los alumnos supimos vengarnos y en una ocasión las teachers terminaron enchastradas con el mismo mejunje que habían metido dentro de un zapallo tenebroso, porque aquí escasean las calabazas.
martes, 30 de octubre de 2007
Zapallo maléfico importado
Acostumbrados a copiar a los demás, los uruguayos importamos la fiesta de Halloween desde mediados de la década de 1990. Recuerdo con claridad (y nostalgia) los festejos en la academia de Inglés, donde la teacher nos cedía horario de clases para elaborar disfraces (una vez me disfracé de calavera) y decorar la clase con telarañas, papeles negros y dibujos de vampiros. Lo mejor era el famoso “trick or treat” (treta o truco) con el que me hacía mi buena bolsa de caramelos para un mes. Las directoras del instituto organizaban juegos súper divertidos, como uno en el que se metía la mano en agujeros sobre una larga mesa con mantel rojo y había que adivinar a qué órgano del cuerpo de Frankenstein pertenecía lo que se tocaba (los sesos eran gelatina, los ojos, caracoles vivos). Pero los alumnos supimos vengarnos y en una ocasión las teachers terminaron enchastradas con el mismo mejunje que habían metido dentro de un zapallo tenebroso, porque aquí escasean las calabazas.
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2 comentarios:
Nunca me identifiqué mucho con esta fiesta importada. Aunque sí recuerdo haber aprovechado mi pelo largo y negro para vestirme de la malísima y seductora Morticia, pero de eso ya hace bastante. Besote
Yo no necesitaba disfrazarme de Morticia. En la escuela ese era mi apodo: por lo pálida y por el pelo largo y negro.
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