martes, 13 de noviembre de 2007

Help, help, help!

Hace unos días tuve un inconveniente con una computadora en mi trabajo, por apretar mal un botón durante un lapso de tiempo excesivo. Por suerte uno de mis compañeros me acercó este gráfico muy didáctico y me dijo: “Aquí está la explicación y la solución a tu problema”. Curiosamente, descubrí que el esquema se aplica a todos los problemas de la vida: peleas con amigos, rupturas de pareja, falta de dinero en los cajeros, timbres de Cámara de diputados que no frenan peleas entre legisladores, los relojes para marcar la entrada al laburo que están atrasados…

martes, 6 de noviembre de 2007

1 nva fma d Com

Hla! Cmo tas? Esp q´bien.
qrsir el sbdo dnche a la dsk?
Xfis. Qro salir ctgo.
Dcme dnd ns vmos.
Ymam o xasm 1 sms c/ hra y lug.
Qt1bd
Bye bso!

Ac mnos d 1 dkda la com n era así.
Hoy n ss ndie s/ cel.
Qdan pcos c/ ddo gdo d mno.
Y sta escr cmo blams.
Srá ste el fut dl blog tb?
Esp q’ n xq sn toy mrta.
Aunk tlvs m aydria a escr + crto.

martes, 30 de octubre de 2007

Zapallo maléfico importado

Acostumbrados a copiar a los demás, los uruguayos importamos la fiesta de Halloween desde mediados de la década de 1990. Recuerdo con claridad (y nostalgia) los festejos en la academia de Inglés, donde la teacher nos cedía horario de clases para elaborar disfraces (una vez me disfracé de calavera) y decorar la clase con telarañas, papeles negros y dibujos de vampiros. Lo mejor era el famoso “trick or treat” (treta o truco) con el que me hacía mi buena bolsa de caramelos para un mes. Las directoras del instituto organizaban juegos súper divertidos, como uno en el que se metía la mano en agujeros sobre una larga mesa con mantel rojo y había que adivinar a qué órgano del cuerpo de Frankenstein pertenecía lo que se tocaba (los sesos eran gelatina, los ojos, caracoles vivos). Pero los alumnos supimos vengarnos y en una ocasión las teachers terminaron enchastradas con el mismo mejunje que habían metido dentro de un zapallo tenebroso, porque aquí escasean las calabazas.

martes, 23 de octubre de 2007

Me niego a llegar a vieja

Centro Cultural de España, jueves 18 de octubre, 19.30 horas. Mesa redonda sobre “Creación, cultura e innovación”. Llegué jadeando, pensando que era tarde. Olvidé que estoy en Uruguay. En el salón del primer piso (el que tiene cafetería) había tan solo dos veteranas sentadas, meta parlotear. A la entrada me dieron unos folletos y tomé asiento una fila detrás de ellas. “San Agustín tenía el alma en los ojos”, comentó la coqueta, de pelo cortito y una voz que te daba ganas de pegarle en la nuca para que escupiera la siguiente palabra. “Sí y Santa Teresa también escribía bien, aunque dicen que era hija de una prostituta”, replicó la otra, desalineada, con guantes de lana (hacía calor) y campera de nylon mugrienta y un olor a geriátrico que se mezclaba con el perfume empalagoso de la otra. Parecían cultas las viejas, hasta que llegaron al punto que delata su edad: el chusmerío típico de la barrida de vereda. “Me dijeron que la señora que se encarga de…es una…”, “Acá a la vuelta vive un tipo que…” Y así pasaron las casi tres horas y media de mesa redonda con el murmullo de fondo de las sesentonas. ¿Por qué no fueron a una confitería? ¡Hay que acabar con las veteranas!, pensé, recordando las tres veces que en la semana me pasó lo mismo (en mi edificio, en el supermercado, en el ómnibus). Sí tuve abuela y tengo tía abuela. Sí las quise y quiero mucho. Pero antes de llegar a vieja y ponerme tan insoportable, prefiero un palo por la cabeza (o un bastonazo).

martes, 16 de octubre de 2007

Home sweet rock

No era la ruta 5, ni Durazno, ni el Parque de la Hispanidad. No. No era un dark encadenado o tachado, ni un plancha con la Alfa Polar, ni un freakie, ni un cumbiero desnorteado. No. No era una Pilsen ni un vino en botella de plástico, ni un choripán de la vecina ni una milanesa de campaña. No. Tampoco era la remera de los Buitres, ni la de La Trampa, ni la de Hereford. Era un mini radio-grabador, sintonizado al mango en la 91.9, encima de un escritorio en el estante de arriba de la PC. Era una bolsa de bizcochos con mate amargo hasta la mitad del show y una muzzarella con coca hasta el final. Era un jogging gris zaparrastroso, una remera de NTVG y unas pantuflas. Era yo, comodísima, sentada en la silla de mi cuarto, tecleando un trabajo para la facu y escuchando la transmisión del Pilsen Rock. Agité desde mi cuarto hasta que los vecinos del apartamento de abajo tocaron timbre. Por primera vez en cinco ediciones no sentí nostalgia por no ir.

martes, 9 de octubre de 2007

"Pipi room" comunitario

Para esos momentos en los que uno está apurado y fuera de casa...
Desde enero de 2001 la empresa J.C. Decaux en convenio con la IMM los instaló en distintos puntos referentes de Montevideo (Prado, Centro, Pocitos, Parque Batlle). Pero, como todo en este país, tienen un problema típicamente uruguayo: son públicos (aunque cuestan $7). Y nos paramos frente a ellos, apretando el cuerito para que no se afloje, y pensamos: ¿estará limpio?, ¿habrá papel higiénico?, ¿y si me agarro una enfermedad? El típico prejuicio, aunque después arrojemos papeles o dejemos que el perro cague la vereda o tiremos colillas encendidas en el pasto. A pesar del diseño entre francés e inglés (¿habrá culos más finos que otros?), el mantenimiento diario y las señalizaciones trilingües (vale el esfuerzo de verlo en la foto) los uruguayos seguiremos ocultándonos detrás de un arbolito o inflando la vejiga. Porque, además, sólo te permiten usarlo por 15 minutos. Pasado el tiempo, se desactiva la puerta!!!! (leido en las instrucciones de la entrada).

martes, 2 de octubre de 2007

Pastiche Lírico

Ella espera sentada, con su bolso de piel marrón y sus zapatitos de tacón y su vestido de domingo. No sabe qué tiene que hacer…Fuera de control, cuatro ebrios se lo llevan al roquero. Ella tenía un clavel en la mano. Él, un tequila por cada duda.
—Escucha una cosa que te voy a decir — le advirtió él, fuera de control —mestiza ardiente de lengua libre.
—No digas nada más —le aclaró ella — ¡Que lástima, pero adiós!, me despido de ti y me voy.
—Flaca, ¡no me claves tus puñales por la espalda!
—¡Que el cielo y tu madre cuiden de ti!
Penélope se sienta en un banco del andén y espera que llegue el primer tren. Pero el amor es más fuerte. Y mientras en el muelle de San Blas, todos giran y giran bajo el Sol, él le susurra al oído:
—Nunca fue fácil, pero creo en tus ojos.
Se escondieron, en el centro, y en el baño de un bar sellaron todo con un beso. La imagen de sus ratos más felices, hasta ahora sigue siendo su motor.

Animo al que quiera a seguir agregando letra. A ver qué historia resulta de todo esto.