No era la ruta 5, ni Durazno, ni el Parque de la Hispanidad. No. No era un dark encadenado o tachado, ni un plancha con la Alfa Polar, ni un freakie, ni un cumbiero desnorteado. No. No era una Pilsen ni un vino en botella de plástico, ni un choripán de la vecina ni una milanesa de campaña. No. Tampoco era la remera de los Buitres, ni la de La Trampa, ni la de Hereford. Era un mini radio-grabador, sintonizado al mango en la 91.9, encima de un escritorio en el estante de arriba de la PC. Era una bolsa de bizcochos con mate amargo hasta la mitad del show y una muzzarella con coca hasta el final. Era un jogging gris zaparrastroso, una remera de NTVG y unas pantuflas. Era yo, comodísima, sentada en la silla de mi cuarto, tecleando un trabajo para la facu y escuchando la transmisión del Pilsen Rock. Agité desde mi cuarto hasta que los vecinos del apartamento de abajo tocaron timbre. Por primera vez en cinco ediciones no sentí nostalgia por no ir.
martes, 16 de octubre de 2007
Home sweet rock
No era la ruta 5, ni Durazno, ni el Parque de la Hispanidad. No. No era un dark encadenado o tachado, ni un plancha con la Alfa Polar, ni un freakie, ni un cumbiero desnorteado. No. No era una Pilsen ni un vino en botella de plástico, ni un choripán de la vecina ni una milanesa de campaña. No. Tampoco era la remera de los Buitres, ni la de La Trampa, ni la de Hereford. Era un mini radio-grabador, sintonizado al mango en la 91.9, encima de un escritorio en el estante de arriba de la PC. Era una bolsa de bizcochos con mate amargo hasta la mitad del show y una muzzarella con coca hasta el final. Era un jogging gris zaparrastroso, una remera de NTVG y unas pantuflas. Era yo, comodísima, sentada en la silla de mi cuarto, tecleando un trabajo para la facu y escuchando la transmisión del Pilsen Rock. Agité desde mi cuarto hasta que los vecinos del apartamento de abajo tocaron timbre. Por primera vez en cinco ediciones no sentí nostalgia por no ir.
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1 comentario:
A mí tampoco me dio nostalgia no ir, salvo por algunos recuerdos con mis amigas que todavía permanecen y que me gustaría volver a repetir. Un beso, ¡pasate!
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